Me hallo en los escritorios
y en las casas comerciales,
todos me miran quien soy
para ver lo que contengo.
Mis días están contados
y el día que voy a morir
ya se sabe de antemano.
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Quién es un viejo ligero, que es de cuatro movimientos puestos en doce cimientos, que, a cualquier pasajero, da más penas que contentos.
De aquí al domingo seis pasos, seis cielos que veo pasar, seis mañanas, seis ocasos ¿Cómo me debo llamar?
Aquí estamos doce hermanos; yo, que el segundo nací, soy el menor entre todos: ¿Cómo puede ser así?
Brazos tengo desiguales y a mi ritmo se mueven los mortales.
Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
Son doce hermanas y todas gastan medias y, aunque, van numeradas todas son cantadas.
¿Qué cosa no ha sido y tiene que ser, y que cuando sea dejará de ser?
Doce palomitas en un palomar, a la hora y a los cuartos salen a volar.
Todos me esperan pero nunca llego, porque cuando llego yo desaparezco.
Fui y no soy, no soy y fui, mañana seré y hablan siempre de mí.
