Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
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Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
