Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
