Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
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Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
