Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
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Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
