Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
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Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
