Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
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Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
