Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
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No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
