Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
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Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
