Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
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Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
