Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
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Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
