adivinanzas para niños

Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.

 

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Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.

De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.

Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.

Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.

Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.

Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.

De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.

Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.

No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!

Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.