Millares de soldaditos
van unidos a la guerra,
todos arrojan lanzas
que caen sobre la tierra.
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Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Nazco en lugares abruptos sin haber tenido padre y conforme voy muriendo va naciendo mi madre.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Millares de soldaditos van unidos a la guerra, todos arrojan lanzas que caen sobre la tierra.
