Nazco y muero sin cesar;
sigo no obstante existiendo,
y, sin salir de mi lecho,
me encuentro siempre corriendo.
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Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
En las regiones polares se encuentra en todos los mares.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
No ves el sol, no ves la luna, y si está en el cielo no ves cosa alguna.
Nicanor tenía un barco y con él surcaba el río; ¿era este un barco pequeño o este era un gran navío? Lee despacio, Encarnación, y hallarás la solución.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
