Nazco y muero sin cesar;
sigo no obstante existiendo,
y, sin salir de mi lecho,
me encuentro siempre corriendo.
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Nazco en lugares abruptos sin haber tenido padre y conforme voy muriendo va naciendo mi madre.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Él es tío sin sobrinos, a todos calienta igual. Si no sabes de quién hablo, tras la primavera vendrá.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
