adivinanzas para niños

Nazco y muero sin cesar;
sigo no obstante existiendo,
y, sin salir de mi lecho,
me encuentro siempre corriendo.

 

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Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.

En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.

Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.

Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.

Nicanor tenía un barco y con él surcaba el río; ¿era este un barco pequeño o este era un gran navío? Lee despacio, Encarnación, y hallarás la solución.

Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.

El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.

Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.

Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.

Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.