Nazco y muero sin cesar;
sigo no obstante existiendo,
y, sin salir de mi lecho,
me encuentro siempre corriendo.
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No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Kilómetros mido, hectolitros llevo, kilovatios doy, hectáreas mantengo.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
¿Cuál es el único animal que muere entre aplausos?
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
