Nazco y muero sin cesar;
sigo no obstante existiendo,
y, sin salir de mi lecho,
me encuentro siempre corriendo.
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Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Kilómetros mido, hectolitros llevo, kilovatios doy, hectáreas mantengo.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
En las regiones polares se encuentra en todos los mares.
