Ni corre, ni vuela,
pero siempre te precede,
cuando vas o cuando llegas.
más adivinanzas de cosas de la casa...
¿Quién pensaréis que yo soy, que cuanto más y más lavo, mucho más sucia me voy?
Aunque soy iluminada siempre me tienen colgada.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Un barbecho bien labrado, ni entra mula, ni entra arado.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
