Ni corre, ni vuela,
pero siempre te precede,
cuando vas o cuando llegas.
más adivinanzas de cosas de la casa...
Con mi cara tan cuadrada, lisa o con dibujitos, resignada y por los suelos, me repito, me repito...
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.
Me compran para dormir y me encanta sacudir. ¿Qué soy?
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Adivíname ésa.
Es venta y no se vende, es Ana, pero no es gente.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
