No he de darte más razones,
sin mi perderías los pantalones.
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
