No he de darte más razones,
sin mi perderías los pantalones.
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
