Pisados, siempre en el suelo,
recibiendo malos tratos,
y sin señales de duelo.
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¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
