Pisados, siempre en el suelo,
recibiendo malos tratos,
y sin señales de duelo.
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En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
