Pisados, siempre en el suelo,
recibiendo malos tratos,
y sin señales de duelo.
más adivinanzas de ropa y vestuario...
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
