Pisados, siempre en el suelo,
recibiendo malos tratos,
y sin señales de duelo.
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¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
