Pisados, siempre en el suelo,
recibiendo malos tratos,
y sin señales de duelo.
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Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
