Rodeo cuellos y cuellos,
tanto de ellas como de ellos.
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Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Tengo copa y no soy árbol, tengo alas y no soy pájaro; protejo del sol a mi amo, en invierno y en verano.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
