Sin vacación en sus cursos,
al principio son pequeños,
suelen nacer en montañas
y morir de marineros.
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Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
Nazco en lugares abruptos sin haber tenido padre y conforme voy muriendo va naciendo mi madre.
