adivinanzas para niños

Sin vacación en sus cursos,
al principio son pequeños,
suelen nacer en montañas
y morir de marineros.

 

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Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.

Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.

En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.

Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.

Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.

Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.

No ves el sol, no ves la luna, y si está en el cielo no ves cosa alguna.

Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.

Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.

Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.