Son mis colores tan brillantes
que el cielo alegro en un instante.
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Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
En las regiones polares se encuentra en todos los mares.
Van y llegan, se llevan lo que traen y lo que traen se llevan
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
