adivinanzas para niños

En el cielo soy de agua,
en la tierra soy de polvo,
en las iglesias de humo
y mancha blanca en los ojos.

 

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Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.

Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.

Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.

Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.

Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.

Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.

Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.

Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.

Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.

Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.