Te lo digo y
no me entiendes,
no tengo boca y
si tengo dientes
más adivinanzas de cosas de la casa...
Ruedo y ruedo, y en los bolsillos me quedo.
Me compran para dormir y me encanta sacudir. ¿Qué soy?
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
Soy de cabeza redonda y me sostengo en un solo pie. Soy de tal fortaleza que a Dios hombre sujeté.
Cuatro patas tiene y no puede andar también cabecera sin saber hablar.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
Un animalito con cuatro dientes, que nos trae comida muy diligente.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
