Te lo digo y
no me entiendes,
no tengo boca y
si tengo dientes
más adivinanzas de cosas de la casa...
Fui a la plaza y compré un negrito. Llegué a la casa y se puso coloradito. ¿Qué es?
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Lo usa el tendero para comer, lo lleva entero si sabes leer.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
En lo más alto me ponen para que el viento me dé, soy guía para los hombres y siempre estoy de pié.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Adivíname ésa.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Golpe va, golpe viene y en su puesto se mantiene.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
