Tengo copa y no soy árbol,
tengo alas y no soy pájaro;
protejo del sol a mi amo,
en invierno y en verano.
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Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Tengo copa y no soy árbol, tengo alas y no soy pájaro; protejo del sol a mi amo, en invierno y en verano.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
