Tiene agua y no es botijo,
está siempre en el jardín.
Cada vez que se enrosca,
aunque no espanta a una mosca
tiene pinta de reptil.
¿Qué será?
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Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Cuando la entrada yo les prohíbo, son muchos golpes los que recibo.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
Dicen que quien lo tiene es muy gracioso, se sacude en la mesa contra lo soso.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
