Tienen justo cinco dedos
como la mano;
se rellenan en invierno,
se vacían en verano.
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Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
