Una capilla llena de gente
y un capellán en medio
que predica siempre
más adivinanzas del cuerpo humano...
A muchos se lo suelen tomar si antes no se ha ido a pelar.
Tengo un tabique en el medio y dos ventanas a los lados por las que entra el aire puro y sale el ya respirado.
No es reloj, pero hace TIC TAC, no usa pilas pero no para de andar...
Parecen persianas, que suben y bajan.
¿Qué instrumento se puede escuchar, pero no se puede ver ni tocar?
Guardada en estrecha cárcel por soldados de marfil, está una roja culebra, que es la madre del mentir.
Laterales parapetos, que van siempre por parejas, les encantan los secretos.
Al dar la vuelta a la esquina tropecé con un convento, las monjas iban de blanco y el sacristán en el centro.
Cueva con treinta y dos machacantes que dispone de un solo habitante.
Sólo tres letras tengo pero tu peso yo sostengo. Si me tratas con cuidado, te llevaré a cualquier lado.
