Una capilla llena de gente
y un capellán en medio
que predica siempre
más adivinanzas del cuerpo humano...
Adivina, adivinanza, tiene un solo ojo y una cara ancha.
Tengo un tabique en el medio y dos ventanas a los lados por las que entra el aire puro y sale el ya respirado.
Unas son redondas, otras ovaladas, unas piensan mucho, otras casi nada.
Cuando sonríes asoman blancos como el azahar unas cositas que cortan y que pueden masticar.
Formamos, como soldados, en una fila y somos carniceros toda la vida
Cinco hijitos tiene cada una y dan tortazos como ninguna.
Uno larguito, dos más bajitos, otro chico y flaco, y otro gordazo.
Atrás panza y delante espinazo, aciértamelo pedazo de ganso.
Dicen que son de dos, pero siempre son de una.
Aunque sepas ésto, mago no serás, si no sabes dónde, lo digerirás.
