Una capilla llena de gente
y un capellán en medio
que predica siempre
más adivinanzas del cuerpo humano...
Uno larguito, dos más bajitos, otro chico y flaco, y otro gordazo.
En un huerto no muy llano hay dos cristalinas fuentes, no está a gusto el hortelano, cuando crecen las corrientes.
Si los abro veo si los cierro sueño.
Adivina, adivinanza, tiene un solo ojo y una cara ancha.
Guardada en estrecha cárcel por soldados de marfil, está una roja culebra, que es la madre del mentir.
A muchos se lo suelen tomar si antes no se ha ido a pelar.
Vive en la panza y se enseña en ciertas danzas.
Con ella vives, con ella hablas, con ella rezas y hasta bostezas.
Parecen persianas, que suben y bajan.
Dos niñas van a la par, y no se pueden mirar.
