Una capilla llena de gente
y un capellán en medio
que predica siempre
más adivinanzas del cuerpo humano...
Dos niñas asomaditas, cada una a su ventana, lo ven y lo cuentan todo, sin decir una palabra.
Tengo un tabique en el medio y dos ventanas a los lados por las que entra el aire puro y sale el ya respirado.
Guardada en estrecha cárcel por soldados de marfil, está una roja culebra, que es la madre del mentir.
Con ella vives, con ella hablas, con ella rezas y hasta bostezas.
Entre dos murallas blancas hay una flor colorada, que con lluvia o con buen tiempo, está siempre bien mojada.
Son dos cortinas en dos ventanitas que bajando ocultan dos niñas bonitas.
Formamos, como soldados, en una fila y somos carniceros toda la vida
Atrás panza y delante espinazo, aciértamelo pedazo de ganso.
¿Qué planta será la que en el hombre está?
¿Quién seré yo que encerrada soy donde quiera que voy, me encuentro siempre mojada y al cielo pegada estoy.
