Una capilla llena de gente
y un capellán en medio
que predica siempre
más adivinanzas del cuerpo humano...
En la jirafa descuella, bajo la barba del rey, lo tiene cualquier botella, la camisa o el jersey.
Dos niñas asomaditas, cada una a su ventana, lo ven y lo cuentan todo, sin decir una palabra.
Podrás tocarlos, podrás cortarlos, pero nunca contarlos.
Entre dos murallas blancas hay una flor colorada, que con lluvia o con buen tiempo, está siempre bien mojada.
A muchos se lo suelen tomar si antes no se ha ido a pelar.
Adivina, adivinanza, tiene un solo ojo y una cara ancha.
Dicen que son de dos, pero siempre son de una.
Una señora, muy enseñoreada, siempre va en coche y siempre va mojada.
Enfundados siempre van y hay que tener cuidado con las patadas que dan.
Pozo hondo, soga larga, y si no se dobla no alcanza.
