Una capilla llena de gente
y un capellán en medio
que predica siempre
más adivinanzas del cuerpo humano...
Del nogal vengo, y en el cuello del hombre, me cuelgo.
Cueva con treinta y dos machacantes que dispone de un solo habitante.
Con ella vives, con ella hablas, con ella rezas y hasta bostezas.
Al dar la vuelta a la esquina tropecé con un convento, las monjas iban de blanco y el sacristán en el centro.
Tiene grandes pabellones, pero no tiene habitaciones.
Son dos cortinas en dos ventanitas que bajando ocultan dos niñas bonitas.
Pozo hondo, soga larga, y si no se dobla no alcanza.
Sólo tres letras tengo pero tu peso yo sostengo. Si me tratas con cuidado, te llevaré a cualquier lado.
Formamos, como soldados, en una fila y somos carniceros toda la vida
Dos hermanos sonrosados, juntos en silencio están, pero siempre necesitan separarse para hablar.
