Una capilla llena de gente
y un capellán en medio
que predica siempre
más adivinanzas del cuerpo humano...
Adivina, adivinanza, tiene un solo ojo y una cara ancha.
Laterales parapetos, que van siempre por parejas, les encantan los secretos.
¿Qué planta será la que en el hombre está?
Porque no se caiga pagan, pero, si se cae, nadie se agacha a recogerlo.
¿Qué instrumento se puede escuchar, pero no se puede ver ni tocar?
Unas son redondas, otras ovaladas, unas piensan mucho, otras casi nada.
¿Cuál es la mitad de uno?
Parecen persianas, que suben y bajan.
Si los abro veo si los cierro sueño.
Dos niñas asomaditas, cada una a su ventana, lo ven y lo cuentan todo, sin decir una palabra.
