Una capilla llena de gente
y un capellán en medio
que predica siempre
más adivinanzas del cuerpo humano...
Enfundados siempre van y hay que tener cuidado con las patadas que dan.
Aunque sepas ésto, mago no serás, si no sabes dónde, lo digerirás.
Parecen persianas, que suben y bajan.
Unas son redondas, otras ovaladas, unas piensan mucho, otras casi nada.
Cueva con treinta y dos machacantes que dispone de un solo habitante.
¿Cuál es la mitad de uno?
Adivina, adivinanza, tiene un solo ojo y una cara ancha.
Podrás tocarlos, podrás cortarlos, pero nunca contarlos.
Al dar la vuelta a la esquina tropecé con un convento, las monjas iban de blanco y el sacristán en el centro.
Ordenes da, órdenes recibe, algunas autoriza, otras prohíbe.
