Una palomita,
blanca y negra;
vuela sin alas
y habla sin lengua.
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Por dentro carbón, por fuera madera, en tu maletón voy a la escuela.
Sin ser árbol, tengo hojas, sin ser bestia, un buen lomo y mi nombre en cada tomo.
Jamás aprendí a escribir y soy muy gran escribana y, con invención galana, te suelo siempre servir sin cansar tarde y mañana.
Soy pequeño, pequeñito, más con tal poder y arte que, si no me pegan bien, no van a ninguna parte.
Con sus páginas abiertas te va ilustrando la mente, si alguna vez lo prestaras, lo perderás para siempre.
Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
Soy blanca como la nieve, me ponen sobre una mesa, para escribir sobre mí cuanto venga a la cabeza.
Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.
Blancos son los campos, las semillas negras, cinco son los bueyes que el arado llevan.
Una palomita, blanca y negra; vuela sin alas y habla sin lengua.
