Una palomita,
blanca y negra;
vuela sin alas
y habla sin lengua.
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Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.
Cae de la torre y no se mata, cae en el agua y se desbarata.
Soy pequeño, pequeñito, más con tal poder y arte que, si no me pegan bien, no van a ninguna parte.
Dos son tres, tres son cuatro y cuatro son seis. ¿Qué son?
No me hace falta sacar pasaje: me mojan la espalda y me voy de viaje.
Con mis hojas bien unidas, que no me las lleva el viento, no doy sombra ni cobijo, pero enseño y entretengo.
Jamás aprendí a escribir y soy muy gran escribana y, con invención galana, te suelo siempre servir sin cansar tarde y mañana.
Sin hablar puedo decir lo que mi dueño ha pensado; tengo un carro, aunque sin mula, y me muero en tres espacios.
Campo blanco, flores negras, un arado, cinco yeguas.
Corta bien y no es cuchillo, afila y no es afilador, y te presta sus servicios para que escribas mejor.
