Una palomita,
blanca y negra;
vuela sin alas
y habla sin lengua.
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Todas las palabras sé y, aunque todas las explico, nunca las pronunciaré.
Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
Con sus páginas abiertas te va ilustrando la mente, si alguna vez lo prestaras, lo perderás para siempre.
Cae de la torre y no se mata, cae en el agua y se desbarata.
Entre mis hojas se esconden hadas, princesas y duendes. Cuando me lees de noche, sin darte cuenta te duermes.
Dos son tres, tres son cuatro y cuatro son seis. ¿Qué son?
Soy pequeño, pequeñito, más con tal poder y arte que, si no me pegan bien, no van a ninguna parte.
Corta bien y no es cuchillo, afila y no es afilador, y te presta sus servicios para que escribas mejor.
Contengo todas las letras, los números y los signos, si me aprietan con los dedos escriben hasta los niños.
Bolita tengo tinta, también capucha tengo y escribo bien.
