Una piel que es otra piel,
una mano que no es mano
y el frío se aguanta bien.
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Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
