Una piel que es otra piel,
una mano que no es mano
y el frío se aguanta bien.
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¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
