Van y llegan,
se llevan lo que traen
y lo que traen se llevan
más adivinanzas de la naturaleza...
Nazco en lugares abruptos sin haber tenido padre y conforme voy muriendo va naciendo mi madre.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
No ves el sol, no ves la luna, y si está en el cielo no ves cosa alguna.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
¿Qué es, qué es, que te da en la cara y no lo ves?
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
