Van y llegan,
se llevan lo que traen
y lo que traen se llevan
más adivinanzas de la naturaleza...
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
