Van y llegan,
se llevan lo que traen
y lo que traen se llevan
más adivinanzas de la naturaleza...
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.
No ves el sol, no ves la luna, y si está en el cielo no ves cosa alguna.
Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
Él es tío sin sobrinos, a todos calienta igual. Si no sabes de quién hablo, tras la primavera vendrá.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
