Hoy cuando me levanté,
puse uno en cada pie.
Como no son los zapatos,
dime tú… ¿qué puede ser?
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Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Tengo copa y no soy árbol, tengo alas y no soy pájaro; protejo del sol a mi amo, en invierno y en verano.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
