Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar,
el que mi nombre acierte
sólo dirá la mitad.
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Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
