En tus manos estoy limpio,
en tus ventanas me ensucio,
si sucio, me ponen limpio,
si limpio, me ponen sucio.
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Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
