adivinanzas para niños

Cuatro patas tiene,
así como asiento;
de ella me levanto
y en ella me siento.

 

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Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.

Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.

En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.

Sale de la sala, entra en la cocina, meneando la cola como una gallina.

Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.

Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.

De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.

La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!

Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.

Está hecha de metal, de madera o de cristal y golpes siempre recibe cuando la entrada prohíbe.