Campo blanco,
flores negras,
un arado,
cinco yeguas.
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Soy blanca como la nieve, me ponen sobre una mesa, para escribir sobre mí cuanto venga a la cabeza.
Cae de la torre y no se mata, cae en el agua y se desbarata.
Una palomita, blanca y negra; vuela sin alas y habla sin lengua.
Corta bien y no es cuchillo, afila y no es afilador, y te presta sus servicios para que escribas mejor.
Blancos son los campos, las semillas negras, cinco son los bueyes que el arado llevan.
Sin hablar puedo decir lo que mi dueño ha pensado; tengo un carro, aunque sin mula, y me muero en tres espacios.
Dos son tres, tres son cuatro y cuatro son seis. ¿Qué son?
Soy pequeño, pequeñito, más con tal poder y arte que, si no me pegan bien, no van a ninguna parte.
Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.
Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
