Dos buenas piernas tenemos
y no podemos andar,
pero el hombre sin nosotros
no se puede presentar.
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Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
