Dos buenas piernas tenemos
y no podemos andar,
pero el hombre sin nosotros
no se puede presentar.
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Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
