Dos hermanitos muy igualitos,
en llegando a viejecitos
abren los ojitos.
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Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
