En el campo fui nacida,
vestida de verdes ramas,
y al pueblo me trajeron,
para servir a las damas,
a mí todo me regalan,
caramelos, miel, melada,
mas yo todo lo reparto,
porque no sé comer nada.
más adivinanzas de cosas de la casa...
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
En un cuarto me arrinconan sin acordarse de mí, pero pronto van a buscarme cuando tienen que subir.
¿Quién será la desvelada, lo puedes tú discurrir? día y noche está acostada y no se puede dormir.
En lo más alto me ponen para que el viento me dé, soy guía para los hombres y siempre estoy de pié.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Aunque no hable, lo cuenta todo por cable.
Está hecha de metal, de madera o de cristal y golpes siempre recibe cuando la entrada prohíbe.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
