En el campo soy hallada
y al fuego alimento.
Donde quiera que soy llevada,
es para darme tormento.
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Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
¿Quién pensaréis que yo soy, que cuanto más y más lavo, mucho más sucia me voy?
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.
Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
En los baños suelo estar, aunque provengo del mar.
Yo tengo calor y frío, y no frío sin calor, y sin ser ni mar ni río, peces en mí he visto yo.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
