En el campo soy hallada
y al fuego alimento.
Donde quiera que soy llevada,
es para darme tormento.
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En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Cuando la entrada yo les prohíbo, son muchos golpes los que recibo.
Te lo digo y no me entiendes, no tengo boca y si tengo dientes
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
En un cuarto me arrinconan sin acordarse de mí, pero pronto van a buscarme cuando tienen que subir.
No pienses que es una col, o que baila el chachachá; búscala sobre tu cama, que yo te la he dicho ya.
Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
Me compran para dormir y me encanta sacudir. ¿Qué soy?
Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
