En el cielo soy de agua,
en la tierra soy de polvo,
en las iglesias de humo
y mancha blanca en los ojos.
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Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Kilómetros mido, hectolitros llevo, kilovatios doy, hectáreas mantengo.
En mí se mueren los ríos, y por mí los barcos van, muy breve es el nombre mío, tres letras tiene no más.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Nicanor tenía un barco y con él surcaba el río; ¿era este un barco pequeño o este era un gran navío? Lee despacio, Encarnación, y hallarás la solución.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
¿Qué es, qué es, que te da en la cara y no lo ves?
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
