En el cielo soy de agua,
en la tierra soy de polvo,
en las iglesias de humo
y mancha blanca en los ojos.
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Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
No ves el sol, no ves la luna, y si está en el cielo no ves cosa alguna.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
Él es tío sin sobrinos, a todos calienta igual. Si no sabes de quién hablo, tras la primavera vendrá.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Girando toda su vida, toda su vida girando y no aprendió a ser más rápida da una vuelta y tarda un día, da otra vuelta y tarda un año.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
