Hoy cuando me levanté,
puse uno en cada pie.
Como no son los zapatos,
dime tú… ¿qué puede ser?
más adivinanzas de ropa y vestuario...
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
