Hoy cuando me levanté,
puse uno en cada pie.
Como no son los zapatos,
dime tú… ¿qué puede ser?
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Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
