Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
