Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
