Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
