Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
