Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
