adivinanzas para niños

Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.

 

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De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.

Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.

Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».

Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.

Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.

Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.

Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.

Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.

Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.

Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.