Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Pisados, siempre en el suelo, recibiendo malos tratos, y sin señales de duelo.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
