Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
