Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
