Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
