Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
