Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
