Mi padre al cuello la ata
y, poco a poco, la aprieta
hasta llegar a su meta.
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Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
