Nicanor tenía un barco
y con él surcaba el río;
¿era este un barco pequeño
o este era un gran navío?
Lee despacio, Encarnación,
y hallarás la solución.
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Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Girando toda su vida, toda su vida girando y no aprendió a ser más rápida da una vuelta y tarda un día, da otra vuelta y tarda un año.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Kilómetros mido, hectolitros llevo, kilovatios doy, hectáreas mantengo.
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
