Se pone para dormir,
aunque no es un camisón,
puede ser de lana, seda o algodón.
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Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
