Sin hablar puedo decir
lo que mi dueño ha pensado;
tengo un carro, aunque sin mula,
y me muero en tres espacios.
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Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
Campo blanco, semilla negra, dos que la ven, uno que la siembra.
Llanura blanca con flores negras; cinco bueyes aran en ella.
No me hace falta sacar pasaje: me mojan la espalda y me voy de viaje.
Nunca bien supe escribir pero soy gran escribano; bien que te puedo servir, si me tomas en tu mano.
Todas las palabras sé y, aunque todas las explico, nunca las pronunciaré.
Contengo todas las letras, los números y los signos, si me aprietan con los dedos escriben hasta los niños.
Suelo ir de mano en mano, hojas tengo y no soy flor, y aun teniendo muchas letras no soy de nadie deudor.
Aunque sea tan pequeño, siempre separo y siempre detengo.
Sin hablar puedo decir lo que mi dueño ha pensado; tengo un carro, aunque sin mula, y me muero en tres espacios.
