Sin hablar puedo decir
lo que mi dueño ha pensado;
tengo un carro, aunque sin mula,
y me muero en tres espacios.
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Como una ametralladora se escucha mi tableteo; pero estoy en la oficina, que mi oficio no es guerrero.
Corta bien y no es cuchillo, afila y no es afilador, y te presta sus servicios para que escribas mejor.
Sin ser árbol, tengo hojas, sin ser bestia, un buen lomo y mi nombre en cada tomo.
Muy chiquito, chiquitito, que pone fin a lo escrito.
Yo salgo todos los días por eso me llaman diario. Estoy lleno de noticias, sucesos y comentarios.
Con mis hojas bien unidas, que no me las lleva el viento, no doy sombra ni cobijo, pero enseño y entretengo.
Contengo todas las letras, los números y los signos, si me aprietan con los dedos escriben hasta los niños.
Bolita tengo tinta, también capucha tengo y escribo bien.
Campo blanco, flores negras, un arado, cinco yeguas.
Una palomita, blanca y negra; vuela sin alas y habla sin lengua.
