adivinanzas para niños

Soy liso y llano en extremo,
y, aunque me falta la voz,
digo en su cara a cualquiera
la más leve imperfección;
contesto al que me pregunta
sin lisonja ni aflicción,
y si mala cara pone,
la misma le pongo yo.

 

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Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.

Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.

En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.

La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!

Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.

Caja llena de soldados, todos largos y delgados, con gorritos colorados.

Dicen que quien lo tiene es muy gracioso, se sacude en la mesa contra lo soso.

De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.

En un cuarto me arrinconan sin acordarse de mí, pero pronto van a buscarme cuando tienen que subir.

Adivíname ésa.