Un árbol con doce ramas,
cada rama, cuatro hijas,
cada hija, siete hijos,
me dices ¿cómo se llama?
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Los siete son hermanitos y viven un solo día: cuando uno nace otro muere, y así se pasan la vida.
Te indica el día, te indica el mes, te indica el año. Dime ¿qué es?
Corre más que un ciclista, nunca da marcha atrás, si lo pierdes de vista, ¡cómo envejecerás!
¿Qué cosa no ha sido y tiene que ser, y que cuando sea dejará de ser?
Estoy condenado a un año y un día; si esto es cada cuatro, ¿mi nombre, sabrías?
Me hallo en los escritorios y en las casas comerciales, todos me miran quien soy para ver lo que contengo. Mis días están contados y el día que voy a morir ya se sabe de antemano.
Nos llegan muy de mañana y se van mucho después, regresan cada semana y cuatro veces al mes.
¿Qué día será, que entre el sábado y el lunes está?
Aquí estamos doce hermanos; yo, que el segundo nací, soy el menor entre todos: ¿Cómo puede ser así?
Una cara con dos manos pegada está a la pared. Antes de un minuto, hermanos, ¿sabréis decirme quién es?
