Una copa redonda y negra,
boca arriba está vacía,
boca abajo está llena.
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Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
