Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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Su forma es de pera, aunque es de cristal da luz sin espera para cada cual.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
Los tejados protejo y buenas canales dejo.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Durante el verano escondido, en el invierno encendido.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Yo tengo calor y frío, y no frío sin calor, y sin ser ni mar ni río, peces en mí he visto yo.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
