Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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Sale de la sala, entra en la cocina, meneando la cola como una gallina.
Un barbecho bien labrado, ni entra mula, ni entra arado.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Tiene agua y no es botijo, está siempre en el jardín. Cada vez que se enrosca, aunque no espanta a una mosca tiene pinta de reptil. ¿Qué será?
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Si me mojas hago espuma, con ojitos de cristal, y tu cuerpo se perfuma, mientras llega mi final.
Doy vueltas y no soy tiempo, un secreto sé guardar, si no me cuidan, me pierdo. ¿Con mi nombre sabrás dar?
Con mi cara tan cuadrada, lisa o con dibujitos, resignada y por los suelos, me repito, me repito...
Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
