Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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Sale de la sala, entra en la cocina, meneando la cola como una gallina.
Está hecha de metal, de madera o de cristal y golpes siempre recibe cuando la entrada prohíbe.
No pienses que es una col, o que baila el chachachá; búscala sobre tu cama, que yo te la he dicho ya.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Ruedo y ruedo, y en los bolsillos me quedo.
Sube llena, baja vacía, y si no se da prisa, la sopa se enfría,
Golpe va, golpe viene y en su puesto se mantiene.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
