adivinanzas para niños

Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.

 

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Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.

Si me mojas hago espuma, con ojitos de cristal, y tu cuerpo se perfuma, mientras llega mi final.

Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.

La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!

Dicen que quien lo tiene es muy gracioso, se sacude en la mesa contra lo soso.

Ruedo y ruedo, y en los bolsillos me quedo.

Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.

Tiene un ojo y nada ve, por abrir no es cosa dura, sin embargo por cerrar, sí que cierra y sí que es dura.

Yo tengo calor y frío, y no frío sin calor, y sin ser ni mar ni río, peces en mí he visto yo.

Los tejados protejo y buenas canales dejo.