Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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No pienses que es una col, o que baila el chachachá; búscala sobre tu cama, que yo te la he dicho ya.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Una caja en tu casa que te sube y que te baja.
Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
Golpe va, golpe viene y en su puesto se mantiene.
Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
