adivinanzas para niños

Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.

 

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Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.

Golpe va, golpe viene y en su puesto se mantiene.

Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.

Sube llena, baja vacía, y si no se da prisa, la sopa se enfría,

Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.

Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.

Está hecha de metal, de madera o de cristal y golpes siempre recibe cuando la entrada prohíbe.

Un barbecho bien labrado, ni entra mula, ni entra arado.

Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.

Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.