Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Muchos golpes recibe cuando a la gente, la entrada prohíbe.
¿Quién pensaréis que yo soy, que cuanto más y más lavo, mucho más sucia me voy?
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
¿Quién será la desvelada, lo puedes tú discurrir? día y noche está acostada y no se puede dormir.
Ruedo y ruedo, y en los bolsillos me quedo.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
