adivinanzas para niños

Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.

 

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Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.

Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.

Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.

Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.

Soy de cabeza redonda y me sostengo en un solo pie. Soy de tal fortaleza que a Dios hombre sujeté.

Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.

Dicen que tiene y no tiene, mucho pincha, poco retiene.

Es una pera colgada que toda la casa alumbra sin tener humo ni llama.

La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!

Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.