Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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Cuando la entrada yo les prohíbo, son muchos golpes los que recibo.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
Cuanto más se moja, más te seca. ¿Qué es?
Tiene agua y no es botijo, está siempre en el jardín. Cada vez que se enrosca, aunque no espanta a una mosca tiene pinta de reptil. ¿Qué será?
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.
Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.
Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
