Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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Dicen que quien lo tiene es muy gracioso, se sacude en la mesa contra lo soso.
Cuando la entrada yo les prohíbo, son muchos golpes los que recibo.
Aunque no hable, lo cuenta todo por cable.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
En el campo fui nacida, vestida de verdes ramas, y al pueblo me trajeron, para servir a las damas, a mí todo me regalan, caramelos, miel, melada, mas yo todo lo reparto, porque no sé comer nada.
Ya ves, ya ves, tan claro que es. No me la adivines de aquí a un mes.
Doy vueltas y no soy tiempo, un secreto sé guardar, si no me cuidan, me pierdo. ¿Con mi nombre sabrás dar?
Caja llena de soldados, todos largos y delgados, con gorritos colorados.
Aunque músculos no tengo, los techos yo sostengo.
