Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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Sube llena, baja vacía, y si no se da prisa, la sopa se enfría,
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
A la entrada de tu casa algo suena si lo aprietan y tu sales presurosa a abrir deprisa la puerta.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Aunque no hable, lo cuenta todo por cable.
Durante el verano escondido, en el invierno encendido.
Caja llena de soldados, todos largos y delgados, con gorritos colorados.
En el buen tiempo a nadie marea, en cuanto llueve repiquetea.
Soy de cabeza redonda y me sostengo en un solo pie. Soy de tal fortaleza que a Dios hombre sujeté.
Aunque soy iluminada siempre me tienen colgada.
