Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
Tiene luna, no es planeta; tiene marco y no es puerta.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
Sale de la sala, entra en la cocina, meneando la cola como una gallina.
Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.
