Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Si me mojas hago espuma, con ojitos de cristal, y tu cuerpo se perfuma, mientras llega mi final.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Vivo en alta situación y en continuo movimiento, con exactitud presento del aire la dirección.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Es verdad que tú le miras, es mentira que te ve, sois iguales uno al otro, está claro que eres él.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
