Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Tiene agua y no es botijo, está siempre en el jardín. Cada vez que se enrosca, aunque no espanta a una mosca tiene pinta de reptil. ¿Qué será?
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Cuanto más se moja, más te seca. ¿Qué es?
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
