Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
más adivinanzas de cosas de la casa...
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
Ruedo y ruedo, y en los bolsillos me quedo.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Está hecha de metal, de madera o de cristal y golpes siempre recibe cuando la entrada prohíbe.
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
¿Quién será la desvelada, lo puedes tú discurrir? día y noche está acostada y no se puede dormir.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
Aunque músculos no tengo, los techos yo sostengo.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
