Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Golpe va, golpe viene y en su puesto se mantiene.
En un cuarto me arrinconan sin acordarse de mí, pero pronto van a buscarme cuando tienen que subir.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
Lo usa el tendero para comer, lo lleva entero si sabes leer.
Un animalito con cuatro dientes, que nos trae comida muy diligente.
Te lo digo y no me entiendes, no tengo boca y si tengo dientes
