Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
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Dicen que quien lo tiene es muy gracioso, se sacude en la mesa contra lo soso.
Golpe va, golpe viene y en su puesto se mantiene.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
¿Quién será la desvelada, lo puedes tú discurrir? día y noche está acostada y no se puede dormir.
Caja llena de soldados, todos largos y delgados, con gorritos colorados.
Si me mojas hago espuma, con ojitos de cristal, y tu cuerpo se perfuma, mientras llega mi final.
Cuando la entrada yo les prohíbo, son muchos golpes los que recibo.
Sube llena, baja vacía, y si no se da prisa, la sopa se enfría,
Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.
