Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
más adivinanzas de cosas de la casa...
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Durante el verano escondido, en el invierno encendido.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Tiene un ojo y nada ve, por abrir no es cosa dura, sin embargo por cerrar, sí que cierra y sí que es dura.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Es verdad que tú le miras, es mentira que te ve, sois iguales uno al otro, está claro que eres él.
