Una señorita
de carnes muy blandas,
que sin ser enferma
siempre está en la cama.
más adivinanzas de cosas de la casa...
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Con mi cara tan cuadrada, lisa o con dibujitos, resignada y por los suelos, me repito, me repito...
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Golpe va, golpe viene y en su puesto se mantiene.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
