Vivo en el campo y en una ciudad grande,
y soy chico pero me usan por igual,
si dices mi nombre solo dirás la mitad.
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Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
