Vivo en el campo y en una ciudad grande,
y soy chico pero me usan por igual,
si dices mi nombre solo dirás la mitad.
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Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
