Vivo en el campo y en una ciudad grande,
y soy chico pero me usan por igual,
si dices mi nombre solo dirás la mitad.
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Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.
En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
