Vivo en el campo y en una ciudad grande,
y soy chico pero me usan por igual,
si dices mi nombre solo dirás la mitad.
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No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
