Vivo en el campo y en una ciudad grande,
y soy chico pero me usan por igual,
si dices mi nombre solo dirás la mitad.
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¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Tengo copa y no soy árbol, tengo alas y no soy pájaro; protejo del sol a mi amo, en invierno y en verano.
Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
