Vivo en el campo y en una ciudad grande,
y soy chico pero me usan por igual,
si dices mi nombre solo dirás la mitad.
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Hoy cuando me levanté, puse uno en cada pie. Como no son los zapatos, dime tú... ¿qué puede ser?
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.
Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
