Vivo en el campo y en una ciudad grande,
y soy chico pero me usan por igual,
si dices mi nombre solo dirás la mitad.
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Aunque la quite del agua, sigue en agua.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Tengo copa y no soy árbol, tengo alas y no soy pájaro; protejo del sol a mi amo, en invierno y en verano.
