adivinanzas para niños

Al revolver una esquina
me encontré con un convento,
las monjas vestidas de blanco,
la superiora en el centro,
más arriba dos ventanas,
más todavía un par de espejos
y en lo más alto la plaza
donde pasean los caballeros.

 

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Si los abro veo si los cierro sueño.

Como la piedra son duros, para el perro un buen manjar, y sin ellos no podrías ni saltar ni caminar.

Uno se cree superior, el otro inferior se siente, sin decirse nunca nada, mucho se quieren, tanto que, siempre se están besando.

Aunque sepas ésto, mago no serás, si no sabes dónde, lo digerirás.

Dos niñas van a la par, y no se pueden mirar.

Al revolver una esquina me encontré con un convento, las monjas vestidas de blanco, la superiora en el centro, más arriba dos ventanas, más todavía un par de espejos y en lo más alto la plaza donde pasean los caballeros.

Parecen persianas, que suben y bajan.

Guardada en estrecha cárcel por soldados de marfil, está una roja culebra, que es la madre del mentir.

Porque no se caiga pagan, pero, si se cae, nadie se agacha a recogerlo.

Atrás panza y delante espinazo, aciértamelo pedazo de ganso.