adivinanzas para niños

De mi madre nací yo,
sin fundamento de padre,
y luego me he muerto yo
y de mi nació mi madre.

 

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Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.

Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.

Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.

No soy el sol, tampoco el fuego; pero la casa bien que caliento.

Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.

Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.

Un campo bien labrado no gasta reja ni arado.

Sale de la sala, entra en la cocina, meneando la cola como una gallina.

Es tu favorita cuando sientes frío; la encuentras escrita en el verso mío.

En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.