De mi madre nací yo,
sin fundamento de padre,
y luego me he muerto yo
y de mi nació mi madre.
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Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
A la entrada de tu casa algo suena si lo aprietan y tu sales presurosa a abrir deprisa la puerta.
Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Yo tengo calor y frío, y no frío sin calor, y sin ser ni mar ni río, peces en mí he visto yo.
No pienses que es una col, o que baila el chachachá; búscala sobre tu cama, que yo te la he dicho ya.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Tiene agua y no es botijo, está siempre en el jardín. Cada vez que se enrosca, aunque no espanta a una mosca tiene pinta de reptil. ¿Qué será?
