De mi madre nací yo,
sin fundamento de padre,
y luego me he muerto yo
y de mi nació mi madre.
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Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Es un campo colorado con los surcos muy derechos; muy en alto está situado e inclinado de dos lados.
Cuando la entrada yo les prohíbo, son muchos golpes los que recibo.
Pequeña como una pera y alumbra la casa entera.
Lámina que no se ve y nos protege del viento. Aunque la atraviesa el sol, se empaña con el aliento.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Aunque no hable, lo cuenta todo por cable.
De mi madre nací yo, sin fundamento de padre, y luego me he muerto yo y de mi nació mi madre.
