Desde el día en que nací,
corro y corro sin cesar:
corro de noche y de día
hasta llegar a la mar.
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Vuela sin alas, silba sin boca, azota sin manos y tú ni lo ves ni lo tocas.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
No ves el sol, no ves la luna, y si está en el cielo no ves cosa alguna.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
Son mis colores tan brillantes que el cielo alegro en un instante.
Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
Él es tío sin sobrinos, a todos calienta igual. Si no sabes de quién hablo, tras la primavera vendrá.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
