Desde el día en que nací,
corro y corro sin cesar:
corro de noche y de día
hasta llegar a la mar.
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Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
Alas de mil colores y se pierden entre las flores.
Cuatro puntos son y para distinguirlos necesitamos del sol.
Millares de soldaditos van unidos a la guerra, todos arrojan lanzas que caen sobre la tierra.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
