Desde el día en que nací,
corro y corro sin cesar:
corro de noche y de día
hasta llegar a la mar.
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Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Millares de soldaditos van unidos a la guerra, todos arrojan lanzas que caen sobre la tierra.
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
¿Qué es, qué es, que te da en la cara y no lo ves?
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Lleva años en el mar y aún no sabe nadar.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
