Desde el día en que nací,
corro y corro sin cesar:
corro de noche y de día
hasta llegar a la mar.
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Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Nazco en lugares abruptos sin haber tenido padre y conforme voy muriendo va naciendo mi madre.
En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo y mancha blanca en los ojos.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
Nicanor tenía un barco y con él surcaba el río; ¿era este un barco pequeño o este era un gran navío? Lee despacio, Encarnación, y hallarás la solución.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Kilómetros mido, hectolitros llevo, kilovatios doy, hectáreas mantengo.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
