Desde el día en que nací,
corro y corro sin cesar:
corro de noche y de día
hasta llegar a la mar.
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Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
Aparece por delante, por los lados, por la espalda, te descuidas un instante y te levanta la falda.
Como el algodón suelo en el aire flotar, a veces otorgo lluvia y otras, sólo humedad.
Van y llegan, se llevan lo que traen y lo que traen se llevan
Es una enorme naranja pero de zumo salado, los gajos se le suponen entre un par de meridianos.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.
Llevo, sin ser arlequín, de colores mi librea, yo salgo de tarde en tarde y espero siempre a que llueva.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
