Desde el día en que nací,
corro y corro sin cesar:
corro de noche y de día
hasta llegar a la mar.
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Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
Vuela en el aire, pace en la tierra, se posa en los árboles, anda en la mano, se deshace en el horno y se ahoga en el agua.
En verano barbudo y en invierno desnudo, ¡esto es muy duro!
Es tan humilde y tan buena que hasta se deja pisar; para el almuerzo y la cena la vaca la va a tomar.
Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
Alto, alto, como un pino, pesa menos que un comino.
Nazco y muero sin cesar; sigo no obstante existiendo, y, sin salir de mi lecho, me encuentro siempre corriendo.
Desde el día en que nací, corro y corro sin cesar: corro de noche y de día hasta llegar a la mar.
No soy estación del Metro ni soy estación del tren, pero soy una estación donde mil flores se ven.
Millares de soldaditos van unidos a la guerra, todos arrojan lanzas que caen sobre la tierra.
