Desde el día en que nací,
corro y corro sin cesar:
corro de noche y de día
hasta llegar a la mar.
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Lomos y cabeza tengo y aunque vestida no estoy, muy largas faldas mantengo.
Sin vacación en sus cursos, al principio son pequeños, suelen nacer en montañas y morir de marineros.
Viene del cielo, del cielo viene, a unos disgusta y a otros mantiene.
Tengo lecho y no me acuesto tengo curso sin ser maestro.
En mí se mueren los ríos, y por mí los barcos van, muy breve es el nombre mío, tres letras tiene no más.
Como una peonza da vueltas al sol, gira que gira, sin tener motor.
Un convento bien cerrado, sin campanas y sin torres y muchas monjitas dentro, preparan dulces de flores.
El cielo y la tierra se van a juntar; la ola y la nube se van a enredar. Vayas donde vayas siempre lo verás, por mucho que andes nunca llegarás.
Muchas monjitas en un convento, visitan las flores y hacen dulces dentro.
Nicanor tenía un barco y con él surcaba el río; ¿era este un barco pequeño o este era un gran navío? Lee despacio, Encarnación, y hallarás la solución.
