adivinanzas para niños

El pie tapo al instante
igual que si fuera un guante.

 

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No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.

Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.

Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.

Vivo en el campo y en una ciudad grande, y soy chico pero me usan por igual, si dices mi nombre solo dirás la mitad.

Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.

No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!

Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.

Juntos, en ovillo, duermen los mellizos; cuando se separan, estirados andan.

Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.

Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.