El pie tapo al instante
igual que si fuera un guante.
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Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Tamaño de una cazuela, tiene alas y no vuela.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
