El pie tapo al instante
igual que si fuera un guante.
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Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Me lleváis, me traéis, y si sois nuevos quizás me mordéis.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.
¡Escapa, escapa! que esto que te digo, aunque no te obligo, te abriga y te tapa.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
