El pie tapo al instante
igual que si fuera un guante.
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No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Me pisas y no me quejo, me cepillas si me mancho, y con mi hermano gemelo bajo tu cama descanso.
Se pone para dormir, aunque no es un camisón, puede ser de lana, seda o algodón.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
Ani lloró todo el día; perdió lo que más quería
