El pie tapo al instante
igual que si fuera un guante.
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No he de darte más razones, sin mi perderías los pantalones.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
Rodeo cuellos y cuellos, tanto de ellas como de ellos.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Soy de piel o paño gordo y me adhiero a tu cuerpo, para que no pases frío cuando llega el invierno.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
