adivinanzas para niños

El pie tapo al instante
igual que si fuera un guante.

 

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Por la noche me lo pongo, por el día me lo quito y en la siesta lo uso un poquito.

Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.

Puedes llevarlo en el pelo y, a veces, en los zapatos, se coloca en la cintura y en el rabo de los gatos.

Me pones y me quitas, me tomas y me dejas, conmigo no tiritas y estoy hecho de madejas.

Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».

Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.

Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.

Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.

Una copa redonda y negra, boca arriba está vacía, boca abajo está llena.

No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!