Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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No pienses que es una col, o que baila el chachachá; búscala sobre tu cama, que yo te la he dicho ya.
Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
Cuando te veo me ves, cuando me ves te veo, y no te parezco feo.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
Aunque de comida voy cargado, la gente me vacía, y nunca soy tragado.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Aunque tengo cuatro patas, yo nunca puedo correr, tengo la comida encima, y no la puedo comer.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Tiene luna, no es planeta; tiene marco y no es puerta.
