Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Estoy dentro de él y no puedo entrar en él.
Caja llena de soldados, todos largos y delgados, con gorritos colorados.
No pienses que es una col, o que baila el chachachá; búscala sobre tu cama, que yo te la he dicho ya.
En lo más alto me ponen para que el aire me dé. El aire me zarandea, Y siempre lo miro a él.
Ni corre, ni vuela, pero siempre te precede, cuando vas o cuando llegas.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
