Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Con mi cara tan cuadrada, lisa o con dibujitos, resignada y por los suelos, me repito, me repito...
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
Con patas y espalda, no se mueve ni anda.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
