Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Tengo patas bien derechas, mas no me puedo mover, llevo a cuestas la comida y no la puedo comer.
La cara que yo acaricio, dejo de seda al momento, porque ni un pelo se resiste a mi marcha, ¡buen invento!
Es verdad que tú le miras, es mentira que te ve, sois iguales uno al otro, está claro que eres él.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Está hecha de metal, de madera o de cristal y golpes siempre recibe cuando la entrada prohíbe.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Adivíname ésa.
Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
