Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
Siempre andamos por el suelo de alcobas y de salones y en historias orientales hasta hacemos algún vuelo.
Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
Pino sobre pino, sobre pino, lino, sobre lino, flores y alrededor amores.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
