Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Tengo dientes y no muerdo, desenredo con cuidado, caminos abro en tu pelo, ya sea liso o rizado.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Caja llena de soldados, todos largos y delgados, con gorritos colorados.
Puede ser de Persia, puede ser de Ana, por más que se enrolle, se ve en la ventana.
Dicen que quien lo tiene es muy gracioso, se sacude en la mesa contra lo soso.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Cabecita fría la noche haces día cuando te restriego, cabeza de fuego.
Muy bonito por delante y muy feo por detrás; me transformo a cada instante, pues imito a los demás.
En la mesa me ponen y sobre mí todos comen.
Pino sobre pino, sobre pino, lino, sobre lino, flores y alrededor amores.
