Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Quien me mira se refleja así nadie tendrá una queja.
Al nacer fui maltratada, mi dueño me tiene amor, y aunque soy mujer honrada, me suele tener atada y con guardas mi señor.
Aunque al dormir me consultan, nunca suelo contestar.
Con mi cara tan cuadrada, lisa o con dibujitos, resignada y por los suelos, me repito, me repito...
Del techo al suelo, cortada y fina, tela con vuelo.
Muchos golpes recibe cuando a la gente, la entrada prohíbe.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
A la entrada de tu casa algo suena si lo aprietan y tu sales presurosa a abrir deprisa la puerta.
Una señorita de carnes muy blandas, que sin ser enferma siempre está en la cama.
¿Quién pensaréis que yo soy, que cuanto más y más lavo, mucho más sucia me voy?
