Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Cuatro patas tiene, así como asiento; de ella me levanto y en ella me siento.
Aunque yo nunca me mueva por mí suben, por mi bajan; soy de diversas materias y mi utilidad la halagan.
Poseo dientes y ojos y para hacerme trabajar me has de meter en cerrojos.
Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
¿Quién pensaréis que yo soy, que cuanto más y más lavo, mucho más sucia me voy?
A la entrada de tu casa algo suena si lo aprietan y tu sales presurosa a abrir deprisa la puerta.
En el campo fui nacida, vestida de verdes ramas, y al pueblo me trajeron, para servir a las damas, a mí todo me regalan, caramelos, miel, melada, mas yo todo lo reparto, porque no sé comer nada.
Es una caja habladora, que vive en todas las casas, y se calla a muy alta hora.
Tiene luna, no es planeta; tiene marco y no es puerta.
