Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Caja llena de soldados, todos largos y delgados, con gorritos colorados.
Lo usa el tendero para comer, lo lleva entero si sabes leer.
En invierno se usa porque da calor en verano estorba y se echa al rincón.
Soy liso y llano en extremo, y, aunque me falta la voz, digo en su cara a cualquiera la más leve imperfección; contesto al que me pregunta sin lisonja ni aflicción, y si mala cara pone, la misma le pongo yo.
Llevo secretos a voces, corriendo por esos mundos y sin que nadie los oiga los doy en unos segundos.
Dicen que tiene y no tiene, mucho pincha, poco retiene.
Cabezón y muy delgado, que se pone siempre negro, después de haber sido frotado.
En el campo fui nacida, vestida de verdes ramas, y al pueblo me trajeron, para servir a las damas, a mí todo me regalan, caramelos, miel, melada, mas yo todo lo reparto, porque no sé comer nada.
Hay un hijo que hace nacer a la madre que le dio el ser.
En un cuarto me arrinconan sin acordarse de mí, pero pronto van a buscarme cuando tienen que subir.
