Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
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Como conoce la clave, gira por su laberinto y deja entrar al recinto.
Sin ella en la mano ni entras ni sales, ni vas a la calle.
Ruedo y ruedo, y en los bolsillos me quedo.
De nada me sirven, estas cuatro patas, que quieta estoy siempre, sobre mí, el durmiente.
De mi madre nací yo, sin fundamento de padre, y luego me he muerto yo y de mi nació mi madre.
Sube llena, baja vacía, y si no se da prisa, la sopa se enfría,
Todos me buscan, para descansar, si ya te lo he dicho, no lo pienses más.
Que timbre y número tenga y en verdad portal no sea es cierto, y el que desea hablar por él, no lo cuelga.
Cuatro patas tiene y no puede andar también cabecera sin saber hablar.
En el campo soy hallada y al fuego alimento. Donde quiera que soy llevada, es para darme tormento.
