Para salir a la esquina
ponte pan en el talón y camina.
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En las manos de las damas casi siempre estoy metido, unas veces desplegado otras veces recogido.
No me utilizan los patos más me llevan de apellido, con «Z» empieza mi nombre, ¡y ya el resto es pan comido!
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Redondo, redondo, sin tapa, sin fondo.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Tengo copa y no soy árbol, tengo alas y no soy pájaro; protejo del sol a mi amo, en invierno y en verano.
Tengo cinco habitaciones, en cada una un inquilino, en invierno cuando hace frío, están todos calentitos.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Tienen justo cinco dedos como la mano; se rellenan en invierno, se vacían en verano.
