Tamaño de una cazuela,
tiene alas y no vuela.
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El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
De pergaminos, o sedas, o papel hechos estamos; en verano gusto damos; las manos han de estar quedas, si es que nuestro oficio usamos.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
