Redondito, redondón,
no tiene tapa ni tapón.
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Colgada voy por delante y al hombre hago elegante.
Dos guaridas cálidas con sus escondrijos, para dos hermanas y sus quintillizos.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Santa con nombre de flor, y, a pesar de este retrato, me confunden con zapato.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
Guardado en invierno, lo luzco en verano, es mi único traje en sitios de baño.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Tengo corazón sin ser persona, tengo bata sin ser mujer. y el hombre elegante me lleva delante.
