Redondito, redondón,
no tiene tapa ni tapón.
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Dos buenas piernas tenemos y no podemos andar, pero el hombre sin nosotros no se puede presentar.
Una piel que es otra piel, una mano que no es mano y el frío se aguanta bien.
Mi padre al cuello la ata y, poco a poco, la aprieta hasta llegar a su meta.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Aunque las adornamos a ellas cuando no tenemos carreras, la gente tiene manía de no llamarnos enteras.
Redondito, redondón, no tiene tapa ni tapón.
Destacan en las orejas creyéndose independientes, van casi siempre en parejas.
Aunque la quite del agua, sigue en agua.
Ahí vienen dos: uno se moja y el otro no.
Nuestra dueña nos coloca uno a cada lado, siempre pendientes, siempre colgados.
