Redondito, redondón,
no tiene tapa ni tapón.
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Con dos patas encorvadas y dos amplios ventanales quitan sol o dan visión según sean sus cristales.
De día llenos de carne, de noche con la boca al aire.
Mi ser por un punto empieza, por un punto ha de acabar, el que mi nombre acierte sólo dirá la mitad.
Para salir a la esquina ponte pan en el talón y camina.
Resuélveme este dilema: «soy una, pero soy media».
Dos hermanitos muy igualitos, en llegando a viejecitos abren los ojitos.
En tus manos estoy limpio, en tus ventanas me ensucio, si sucio, me ponen limpio, si limpio, me ponen sucio.
Con varillas me sostengo y con la lluvia voy y vengo.
Chiquito, redondo, barrilito sin fondo.
El pie tapo al instante igual que si fuera un guante.
