El viento
Vuela sin alas,
silba sin boca,
azota sin manos
y tú ni lo ves ni lo tocas.
Vuela sin alas,
silba sin boca,
azota sin manos
y tú ni lo ves ni lo tocas.
Rompe y no tiene manos,
corre y no tiene pies,
sopla y no tiene boca,
¿Qué te parece que es?
¿Qué es, qué es,
que te da en la cara
y no lo ves?
Aparece por delante,
por los lados, por la espalda,
te descuidas un instante
y te levanta la falda.
Es una enorme naranja
pero de zumo salado,
los gajos se le suponen
entre un par de meridianos.
Soy una bola grandota,
que gira constantemente,
y que desea saber,
dónde meter tanta gente.
Si ya sabes quien soy yo
eres muy inteligente.
Girando toda su vida,
toda su vida girando
y no aprendió a ser más rápida
da una vuelta y tarda un día,
da otra vuelta y tarda un año.
Como una peonza
da vueltas al sol,
gira que gira,
sin tener motor.
Sin vacación en sus cursos,
al principio son pequeños,
suelen nacer en montañas
y morir de marineros.
Desde el día en que nací,
corro y corro sin cesar:
corro de noche y de día
hasta llegar a la mar.
Nazco y muero sin cesar;
sigo no obstante existiendo,
y, sin salir de mi lecho,
me encuentro siempre corriendo.
Kilómetros mido,
hectolitros llevo,
kilovatios doy,
hectáreas mantengo.
Tengo lecho
y no me acuesto
tengo curso
sin ser maestro.
Cuatro puntos son
y para distinguirlos
necesitamos del sol.
No soy estación del Metro
ni soy estación del tren,
pero soy una estación
donde mil flores se ven.
Como el algodón
suelo en el aire flotar,
a veces otorgo lluvia
y otras, sólo humedad.
En el cielo soy de agua,
en la tierra soy de polvo,
en las iglesias de humo
y mancha blanca en los ojos.
Nicanor tenía un barco
y con él surcaba el río;
¿era este un barco pequeño
o este era un gran navío?
Lee despacio, Encarnación,
y hallarás la solución.
Vuela en el aire,
pace en la tierra,
se posa en los árboles,
anda en la mano,
se deshace en el horno
y se ahoga en el agua.
Nazco en lugares abruptos
sin haber tenido padre
y conforme voy muriendo
va naciendo mi madre.
No ves el sol,
no ves la luna,
y si está en el cielo
no ves cosa alguna.
Lomos y cabeza tengo
y aunque vestida no estoy,
muy largas faldas mantengo.
En mí se mueren los ríos,
y por mí los barcos van,
muy breve es el nombre mío,
tres letras tiene no más.
Viene del cielo, del cielo viene,
a unos disgusta y a otros mantiene.
Millares de soldaditos
van unidos a la guerra,
todos arrojan lanzas
que caen sobre la tierra.
El cielo y la tierra
se van a juntar;
la ola y la nube
se van a enredar.
Vayas donde vayas
siempre lo verás,
por mucho que andes
nunca llegarás.
Es tan humilde y tan buena
que hasta se deja pisar;
para el almuerzo y la cena
la vaca la va a tomar.
Hay un hijo
que hace nacer
a la madre
que le dio el ser.
En las regiones polares
se encuentra en todos los mares.
Él es tío sin sobrinos,
a todos calienta igual.
Si no sabes de quién hablo,
tras la primavera vendrá.